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Aunque no me dejo caer, ni me dejo pisar, a veces lo aparento sólo para conseguir que alguien me lama las heridas. Esta mañana han sido las de la cuchilla de afeitar. Mientras me sacrificaba ante las baldosas, los sanitarios y los dioses, me miraba sin reconocerme en el reflejo del espejo y recordaba esa melena rubia que antes me adornaba y ahora escasea, y esos ojos azules que en otros tiempos brillaban .
A veces no me reconozco.
Hoy, al sonar el despertador, me he dado media vuelta para abrazarla. A mí me da calor, cosa que odio en esta época del año, pero lo hago porque sé que a ella le encanta. Un susurro cariñoso de "te quiero" con aliento rasposo; un subliminal codazo de "un polvo a la semana y ahora no toca"; un manotazo de "sácame la mano de la entrepierna" y un autoritario "déjame, tonto, que tengo sueño"; han acabado convirtiendo el final de mis sueños en otra tormenta de desencantos.
Nos conocimos en el instituto y me quedé prendido en su escote, en sus medias, en esa facilidad para montar una orgía en la playa, en su personalidad y en sus piernas. Por este orden.
Me enamoré en un segundo, como acostumbro a hacer; desvirgarla me llevó años. Y es que tengo una polla enorme, al menos eso es lo que ella dice cuando se niega a comérsela. Yo no había sabido nunca si era grande o pequeña, nunca nadie más había opinado sobre ella.
Después de consumar el acto, decidí y juré serle fiel para siempre. No había perdido un hímen, había ganado un marido.
Así, estudié hasta conseguir un título con el que buscar un trabajo más o menos decente, y trabajé hasta tener suficiente dinero como para poder hipotecar un piso. Ella hizo lo mismo. Con el tiempo, el piso se convirtió en casa; y nuestro amor se convirtió en un niño que en Marzo cumplirá los 18 y pasa de nosotros como de comer mierda.
La sigo queriendo, con locura, pero a veces no la aguanto; es tan asertiva, tan mandona. Las cosas se hacen a su manera o no se hacen. A veces me canso de decir siempre que sí. Es justamente todo lo contrario a mi secretaria.
Es justamente todo lo contrario a mi secretaria.
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